domingo, 16 de febrero de 2014

Cronicas de Skyline. Prt.2.

Me desperté sobresaltado y con sudores fríos. Cerré los ojos y desaparecí de mi cuarto.
-Odio que hagas eso - Dije con voz tranquila pero acusadora.
Estaba sentado en un sillón de tres veces el tamaño de un sillón normal con la vista fijada en el fuego que refulgía palpitante unas treinta y cuatro veces por minuto. A mi derecha había una pequeña mesa con una copa rellena de una sustancia embriagadora que nunca se acababa pero tampoco saciaba. La estancia no era demasiado grande pero era mas que acogedora, fuera no se escuchaba nada y todo parecía muy limpio.
-No es culpa mía, vamos a dar un paseo -Su tono me asusto un poco.
Con el tiempo se aprende a no llevarle la contraria a aquello que puede tanto destruirte como invadirte de una enorme paz.
Me levante del sillón y me deje guiar, la sala se oscureció y empece a andar. A la gente le asusta la oscuridad, se sienten intranquilos y muy susceptibles. A mi en cambio me daba paz, me sentía cómodo, al menos en esta oscuridad. Esta oscuridad era total y no sabia hacia donde andaba, solo se trataba de andar, andar y confiar.
La oscuridad desapareció y la nueva estancia se ilumino tenuemente hasta alcanzar una tonalidad fatua.
La sala era inmensa, llena de estanterías que se extendían hasta el infinito. Algunas estaban abarrotadas de cosas y otras estaban parcialmente vacías.
-¿Por que me has traído aquí?. Ya ordene esto hace un tiempo. -Dije intentando que notara mi aburrimiento.
Me condujo hasta una estantería mas grande que las demás, estaba repleto de cosas y parecía que fuera a ceder en cualquier momento. La etiqueta rezaba un nombre que me produjo escalofríos.
-¿No notas nada? Esto no debería ser así. -Su tono era esclarecedor.
S no tenia la culpa de mis pesadillas, las tenia yo. Había sobrecargado una estantería... la estantería mas importante de todas y esta no paraba de quejarse. Nada de lo que había en esta estantería pertenecía a esta.
Llena de mascaras y delirios, de ilusiones de oasis.
La mire de arriba a abajo.
-Échame una mano por favor.
-Normalmente prefieres hacerlo por ti mismo. -Dijo S sorprendido.
-No voy a ser capaz solo.
Cerré los ojos y cuando los abrí la estantería estaba impoluta, no quedaba nada. La mire y una pena inmensa se apodero de mi. Casi no podía respirar y parecía que tuviera una bola de billar en la garganta. S se quedo en silencio y las luces se apagaron totalmente. Me puse en camino, caminando a oscuras y con la vista perdida en el vacío. Sabia que S estaba ahí y sin embargo no decía nada, solo silencio. S me conocía mejor que nadie. Mejor que yo mismo. Dulce contrariedad.
Rompí el silencio.
-No ha sido el mejor día para hacer esto.
-¿Acaso hay algún día bueno para hacerlo?
Sonreí. Era una sonrisa triste, pero seguía siendo una sonrisa. Las sonrisas siempre son bonitas.
Llegamos a la primera sala y me volví a sentar en el sillón, el fuego parecía débil aunque palpitaba demasiado rápido y no daba demasiado calor.
S me miró y sabia lo que pensaba.
-Algún día daremos una fiesta, algún día llenaran esa estantería bien llenada -Dijo despreocupado.
El fuego se avivó un poco pero seguía demasiado activo.
-Necesito unas vacaciones.
Todo se desvaneció y volví a la oscuridad de mi cuarto. Esta oscuridad no era agradable. Me metí bajo el edredón y me encogí todo lo que pude. Las horas pasaron lentas pero pasaron.
Días.

sábado, 8 de febrero de 2014

Crónicas de Skyline. Prt 1.

Y entonces ocurrió, fue como una explosión de recuerdos, una hecatombe mental donde el mundo desaparece para una vez mas ir a Skyline. Llegué allí y no me gustaba la organización de las cajas, nada estaba donde debía estar aunque claramente lo ordene hasta hace solo unas semanas, pero es que las visitas son tan escasas y el mundo tan cambiante que me da miedo mi estático latido. Las estanterías estaban llenas de polvo y las etiquetas no pertenecían al contenido de los recipientes. Me senté en mi trono invisible y contemple con asco toda la estancia, las estanterías tan oscuras como estropeadas, lamparas apagándose y encendiéndose por el baja manutención que le estaba ofreciendo. Me sentía culpable. Me levanté y comencé a andar sin rumbo. La madera del suelo se resquebrajaba a cada paso como quejándose de mi continua ausencia. Las imágenes campaban a sus anchas como si del viento se tratase, danzaban a mi alrededor y desaparecían para que llegaran otras sustituyéndolas repitiendo el proceso una y otra vez. Me quede quieto con la mirada cansada viendo como pasaban unas y otras sin mi control. Es absurdo pensar que algo ahí no estaba bajo mi control, es un claro lamento de Skyline y a la vez una amenaza constante.
-Me necesitas tanto como yo te necesito a ti, no dejes que me pudra y me derrumbe o las consecuencias serán nefastas...y lo sabes -La voz resonaba en mi cabeza como si me estuvieran susurrando al oído.
Las ventanas temblaban y se quejaban con cada golpe de viento.
Fuera había tormenta. El mundo exterior me reclamaba pero estaba muy lejos de allí, solo esperaba que no me estuviera hablando alguien importante o hubiera pasado nada malo. Realmente daba igual. Allí el tiempo se ralentizaba y todo deja de importar. Siempre la misma historia, es complicado llegar a Skyline, y cuando llego siempre hay tormenta fuera.
Solo una vez no hubo tormenta pero fue un día importante pues hubo visita. Nadie debía estar allí, nadie PODÍA estar allí, y sin embargo allí apareció. Me quede perplejo, abrumado y quería desaparecer. Solo yo podía estar allí, era como si estuviera desnudo ante el mayor critico del mundo. Solo quería correr y escapar, pero Skyline no me dejaba, al igual que no se quejaba porque hubiera alguien. Era absurdo, no se de que me extrañaba, todo siempre era tan absurdo como perfecto. Lo acepté y tanto Skyline como yo admitimos nuestro error mas adelante.
Continué andando y salí de mis pensamientos, mi ojos miraban cansados y la iluminación cada vez era mas tenue, las imágenes desaparecieron y fueron a jugar a otra parte, parece que ya se habían cansado de torturarme... o eso pensé.
Seguía caminando y a cada paso la oscuridad se hacia mas palpable, pronto fue tan densa que no sabia ni donde estaba cuando de repente todo se iluminó. Miré con miedo a mi alrededor y conforme fui reconociendo donde estaba unos sudores fríos se apoderaron de mi y los temblores se manifestaron en mi torso.
Y allí me encontraba, de pie enfrente de una puerta vulgarmente gigante con un letrero que rezaba, NO PASAR!. Sabia lo que había tras esa puerta, allí escondí algo que nunca debía salir, pero la puerta estaba muy desgastada, y reflujos del contenido de la sala salían poco a poco abrumándome.
-Algún día debes enfrentarte a lo que hay dentro. -La voz sonaba paterna pero fria.
-Hoy no. -Conteste tan tajante como mis temblores me permitieron.
-Te va a pasar factura. -Ahora la voz no sonaba paterna si no mas bien fraternal y comprensiva.
-Me estoy empezando a acostumbrar al miedo de las pesadillas. -Mentí.
Me senté delante de la puerta absorbiendo esos reflujos y volví a introducirlos dentro. Repare la puerta todo lo bien que pude pero quede exhausto. Estaba desgastado, cada vez me sentía mas cansado y era como si de repente tuviera 80 años.
Volví por donde había venido sin tratar de perderme y recordándome a cada paso que debía alejarme de allí, que tenia que volver a mi trono y descansar.
Después de lo que me parecieron horas de sudor y agotamiento llegue a la sala principal, la tormenta parecía que fuera a arrancar las ventanas de cuajo. Sabia lo que eso significaba, era hora de volver. Hice un mantenimiento rápido de la estancia y me desplomé sobre mi trono.
Abrí los ojos y solo tenia ganas de llorar, todo fuera seguía igual, la gente seguía cantando y aunque estaba acompañado me sentía jodidamente solo. Nadie podría jamas comprender mis viajes y lo cansado que podía llegar a sentirme.
Me miró y sonrió.
-¿Todo bien cariño? - Dijo con una sonrisa preocupada en su rostro.
-Todo bien.
Y mi vista se fijo en el infinito, buscando la escalera para volver a Skyline sin ningún resultado.